26 marzo 2017

El Topo Encinar, músico, taficeño y necesario


Sábado 25 de marzo. Llueve en Tafí Viejo a minutos de empezar el recital en la Casa de la Cultura municipal. La sala está casi llena, sólo quedan dos o tres lugares separados. La imagen de unos niños sentados en el piso leyendo libros a metros de la puerta, en silencio, mientras sus padres disfrutan del espectáculo, es una señal que augura un buen momento.

A las 22.35 en punto arrancó el Topo Encinar con su repertorio. A su lado, en la guitarra eléctrica, lo acompañó el Gallego Estrada, uno de esos músicos que le hacen la segunda a cualquiera a último momento. De oído exquisito.

Ir a un recital del Topo Encinar siempre sorprende porque es un artista transparente, es imposible no

darse cuenta de su estado de ánimo. Y esta vez no iba a ser la excepción. Nacido y criado en Tafí Viejo, en sus letras siempre aparece alguna referencia a esas calles con veredas anchas que terminan en los cerros o en la estación ferroviaria.

Chacareras, zambas, vidalas y canciones con aroma a bossa nova. El Topo se le anima a todo y lo hace bien aunque prevalece la raíz folclórica. Aborda temas de amores, desamores, desencuentros y esperanza. Con ese mismo compromiso le entra a historias relacionadas con personajes de Tucumán adentro compuestas junto al poeta Néstor Soria. Las del corazón y de sueños son hijas de juntadas con el poeta tucumano Pablo Dumit y con el músico mendocino Fernando Barrientos.

Este taficeño ya no es una promesa de la música argentina. Es uno de los necesarios por haberse animado a la mixtura, aunque no fusión, de ritmos tradicionales con otros más afines a los que suenan en los boliches modernos, esos en los que también anduvo por los años 80 hasta que abrazó el canto popular más cerca de los 90 y se afincó en Santiago del Estero durante un tiempo.

Entre tema y tema el Topo no puede con su genio y para amenizar el encuentro comparte alguna anécdota, siempre con humor, que relaja y que corta de manera abrupta para presentar el siguiente tema. El casi religioso silencio sólo se interrumpe con las carcajadas o cuando alzó la voz para decir: "El Flaco Spinetta es lo mejor del mundo, que quede claro. Que viva la dictadura del amor".

Encinar, el de pelo largo y casi gris, de nariz importante, también hizo de su canto su forma de ver el mundo y compartirlo. Algunas letras expresan su inocultable compromiso con los Derechos Humanos y sus ideas políticas. Hasta se dio el gusto, con la complicidad de los presentes, de pedir un: ¡30.000 Compañeros Desaparecidos, Presentes! 

Intensos. Así fueron la entrega y el compromiso del Topo en su actuación frente a su gente, sus amigos, en Tafí Viejo. En varias ocasiones estuvo al borde del llanto, hasta que casi al final las lágrimas ya no pidieron permiso y se le escaparon por los ojos, por las manos, por la voz.  

El Topo bajó hacia el camarín casi a las doce de la noche. Cuando el encuentro entre el artista y su público se produce, nace la magia. Y cuando esta se presenta, hasta sentimos que somos mejores personas al encenderse las luces de la sala. Aplausos.



PD: Aplausos también para Marcos Acevedo, el Director de Culturas de Tafí Viejo, y para el sonido de Bulo Arias. Ambos, imprescindibles para vivir encuentros de este tipo.  
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1 comentario:

Leddy Castelli dijo...

Cosa rara sentir - en el más absoluto silencio - que estuve allí. Gracias David. Mis reverencias para Héctor. Cosa rara también ver sus canas, en mi memoria es todavía un niño revoltoso y retraído, según como él amanecía.
Hubiera pensado horas una palabra que diga lo que siento cuando escucho su música, lo que siento con cada palabra cantada por ese niño de mi memoria; pero vos lo has dicho: Indispensable!

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